El Corzo en Arcera

Entre la niebla se ha oído un ruido. Escuchó algo y saltó al camino.

Quieto. Un ladrido. Silencio.

Rumia, sacude las orejas, da media vuelta y comienza a ascender. Tan sólo ya un resplandeciente trasero blanco que se aleja hasta que desaparece.

Como un duende del bosque, se deja ver  fugazmente  y más se le siente huir entre la espesura o ladrar a quien ha osado perturbar su sosiego.

Ágil como una gacela, de pequeño tamaño y cornamenta la justa, puede escapar adentrándose en lo más impenetrable del bosque.

 

DESCRIPCIÓN

Tiene una altura en la cruz de unos 75cms., de 1 a 1,30m de longitud, llega a pesar entre 20 y 30 kg.

En verano el pelo es de color pardo rojizo y pardo grisáceo en invierno.

En la cabeza mantiene el pelaje gris y en los cuartos traseros y delanteros unas pecas de pelaje más oscuro a la altura del codo o articulación.

CUERNA

Los machos tienen cuernas, que no superan las tres puntas y que renuevan anualmente entre octubre y noviembre. Durante el invierno, vuelta a empezar, primero le salen unas protuberancias en la frente y poco a poco se va conformando la cuerna que se recubre de una especie de musgo aterciopelado, la “borra”, que irá perdiendo una vez  llegue la primavera.

La cuerna de tres puntas se alcanza a los tres o cuatro años, aumentando en lo sucesivo de grosor y en número de excrecencias o bultitos, perlas, de la base del cuerno. Pese a todo no son indicadores fiables de la edad de los individuos.

COMPORTAMIENTO

Si no se le molesta suele ser bastante confiado y se le ve en pleno día en los prados y linderos del bosque. Se deja ver con más facilidad al amanecer y a la caída del sol. Si se le atosiga se hace de hábitos nocturnos y se encama durante el día entre el sotobosque.

Le gusta la hierba fresca, un bocado aquí, otro allá; las yemas, brotes tiernos y cortezas de los árboles jóvenes son su debilidad. Ramonea  las hojas a su alcance y no se priva de los frutos que encuentra a su paso.

En invierno suelen formar pequeños grupos mixtos de cuatro, cinco y hasta seis individuos. El resto del año se les ve en parejas, solitarios o con las crías.

Es curiosa la reacción que tienen ante un peligro, en lugar de huir directamente, lanza un ladrido, trata de ver lo que sucede y sólo si el peligro persiste decide huir perdiéndose los ladridos en la lejanía.

Cuando no se dejan ver, podemos advertir su presencia por los excrementos, huellas, sendas y encames.

Sus cagarrutas son pequeños montoncitos de bolitas del tamaño de granos de café, pero ovalados y con una prominencia en su extremo.

Son muy señoritos y no colocan sus posaderas en cualquier lugar, excavan con las pezuñas una pequeña cama redonda u ovalada entre la hierba o la hojarasca para después tumbarse a rumiar y descansar.

Las huellas que suele marcar en la tierra fresca son dos pezuñas estrechas y largas y a veces marca también los dos pesuños o dedos posteriores.

RECONOCIMIENTO DE EDAD Y SEXO

Las diferencias entre macho y hembra no suelen ser un problema, ahora bien la confusión puede venir cuando el macho pierde su cornamenta.

En este caso podemos fijarnos si tiene protuberancias en la frente, indicio del crecimiento de la nueva cuerna;

la mancha blanca del trasero, escudete anal,  es muy fiable,  si tiene forma de alubia o riñón es macho si tiene forma de una “t” ancha es hembra.

La forma corporal también nos aporta indicios para determinar el sexo de los individuos: caracteres sexuales externos (pincel peneano, desarrollo de mamas,  forma de orinar, señalización territorial, ladra, acompañamiento de crías…).

Lo que es más difícil es determinar su EDAD, pero se pueden seguir unas pautas:

-Los ejemplares viejos suelen mudar el pelo más tarde de modo que aún en junio podemos ver alguno con el pelaje gris invernal;

-si camina con la cabeza baja, casi en línea recta con el lomo, con el cuello más corto y cuartos traseros robustos es un ejemplar viejo;

– el macho adulto es más solitario y desconfiado, ante cualquier irregularidad enseguida se esconde. El joven por el contrario, acompañado generalmente por alguna hembra, es más inquieto y confiado, hasta el punto de que la curiosidad le pierde.

– si nos permite observarle con más detalle podemos fijarnos en la mancha blanca encima del hocico. Más marcada y mayor según pasan los años y tirando a gris y menos marcada en los viejos.

 

Pese a todo esto, nos conformaremos por tanto con saber si se trata de un ejemplar viejo, adulto, joven (de uno a tres o cuatro años) o cría del año. Lo más fiable para determinar su edad es el estudio de la dentición, pero sólo para los especialistas.

 

CELO Y CRÍA

El celo tiene lugar entre julio y agosto, pero la gestación queda detenida hasta finales de diciembre, fecundación diferida, para que el parto tenga lugar en primavera y no en pleno invierno, 2ª quincena de mayo primera de junio, unos diez meses de gestación.

Las crías al nacer pesan alrededor de un kilo, pero a las dos semanas llegan a alcanzar ya los seis. Los corcinos tienen un pelaje pardo rojizo con manchas blancas para camuflarse. Ante una situación de peligro permanece tumbado, escondido entre la hierba alta, mientras la madre intenta desviar la atención. No hay que creer que está abandonado; lo mejor es dejarle donde está y no tocarle, para no impregnarle con nuestro olor y le localice algún depredador. Después de un par de semanas la hembra y sus crías se reúnen con el macho, formando un grupo familiar, que sólo se rompe a finales del invierno. A los nueve meses la madre les abandona a su suerte y a los dos años son ya completamente independientes.

Suelen tener una esperanza de vida de 10 a 12 años.

No posee buena vista pero sí buen oído.

Antaño los grandes depredadores eran sus enemigos naturales, el lobo, pero hoy son más vulnerables cuando son pequeños o cuando se encuentran debilitados por el hambre o por los parásitos internos, ante depredadores como el zorro, el jabalí y los perros asilvestrados.

Publicado el 23/01/2010 en FAUNA ARCERA, Naturaleza y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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